3/6/12

La música de la vida.

No puedo evitar, cuando escribo sobre mi nueva manera de sentir, recordar como sentía y pensaba hace años.
Eso me sirve para acercarme y comprender profundamente, actitudes y sentimientos de victimismo e impotencia tan frecuentes en muchas personas... y a veces me dejo teñir de esa impotencia ...un poco, solo un poquito ... y doy un traspiés en mi voluntad de estar al pie del cañón en esta tarea que me hace sentir plena.
Afortunadamente, esa sombra de victimismo termina barrida sin compasión por mi alegría ... alegría llena de responsabilidad de mi misma ... de respeto al caminar de cada uno ... a sus tiempos ... a su despertar brusco o suave ... a su forma de ir tomando la responsabilidad de su vida ...  ¡Y entonces me siento otra vez en mi centro y en contacto con mi Ser!
¿Por qué os cuento esto?... Me supongo que tiene que ver con mi trabajo... ¡Es qué a mí me encantaría acabar con los males del mundo!... Ja ja ja ... ¡A mucha gente nos gustaría eso! ¿Verdad?... pero... ¡No tiene ningún sentido!
Cuando aceptamos la responsabilidad real sobre nosotros mismos ... también elegimos aceptar la responsabilidad de los demás sobre ellos mismos ... Es entonces cuando comprendemos que la vida es una sinfonía perfectamente orquestada ... y en la que cada uno tenemos nuestro instrumento y nuestra partitura... ¡Sea la que sea!
Mal que nos pese no podemos tocar los instrumentos de todo el mundo ... ¡Nuestro trabajo consiste en aprender a tocar el nuestro lo mejor posible! ... poniendo, eso si, todo nuestro corazón en ello ... ¡Porque la música sin corazón y sin pasión no suena igual!
Para conseguirlo lo mejor es no renegar de las circunstancias de nuestra vida ... ¡Es nuestro instrumento! ... practiquemos para tocarlo con todo nuestro corazón  ...  aprendamos a comprenderlo ... a sacarle el máximo partido... a disfrutar de sus cualidades únicas ... a fijarnos en los grandes interpretes, no en los mediocres ... confiemos en que si este es nuestro instrumento, será por algo ... que nadie podrá comprenderlo y amarlo como nosotros ... y nadie podría cuidarlo y mimarlo como lo haríamos nosotros ...
El mundo no es ni más ni menos que una grandiosa y maravillosa orquesta interpretando la música de la Vida ... y el reto de todos nosotros es que suene cada vez mejor ... Así qué pongamos manos a la obra, afinemos nuestro instrumento y ... ¡¡A tocar!!

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