Vivimos momentos oscuros, en los que muchas personas nos sentimos convulsas con los cambios que se están haciendo patentes en nuestra forma de vida... y sabemos además que nos esperan aún más cambios... y para muchos será doloroso, aunque representen una oportunidad para un profundo cambio de valores.
Hoy he querido reproducir una charla de Neale Donald Walsch que siento en lo más profundo de mi corazón y que tiene que ver con algo que vivimos cotidianamente: la falta de transparencia en nuestra vida.
¿QUE DIRÍA DIOS?
Imaginen esto. Dios baja a la Tierra por un minuto, un
bendito momento de 60 segundos, y anuncia al mundo la solución a todos nuestros problemas y el camino para que cada alma experimente el cielo en la Tierra y la salvación
eterna. Dios revela esta solución con una sola frase. ¿Cuál creen
que sería esa frase?
¿“Crean en mí”?
No.
¿“Crean en mi Hijo”?
No.
¿“Amen a todo el mundo”?
No.
¿“Dejen de matar”?
No.
Bueno entonces, ¿Qué? ¿Quéeeee?
- “Digan la verdad.”
Vivimos en una sociedad basada en el secreto. Piensen en
eso. Prácticamente todos los aspectos de la vida como la hemos construido se
basa en el secreto. El mito cultural es que lo que no sabemos hace funcionar al
mundo, no lo que sí sabemos.
Esta es la verdad de nuestro mito político. Si los
gobiernos de todo el mundo (el nuestro incluido) dijeran a la gente todo lo que
el gobierno conoce sobre todos los temas, los gobiernos tendrían que cambiar.
Si los gobiernos alguna vez dieran las verdaderas razones que hay detrás de
todo lo que hacen, lo que los gobiernos hacen se alteraría para
siempre.
Las guerras, por ejemplo, prácticamente desaparecerían de la
experiencia humana, porque la mayoría de los seres humanos nunca estaría de
acuerdo con ir a la guerra por las verdaderas razones por las que los gobiernos
declaran las guerras. Los gobiernos lo saben, por eso dan falsas
razones, razones con las que esperan que la mayoría de la gente esté de
acuerdo.
Los impuestos también prácticamente desaparecerían, ya que
la mayoría de los seres humanos nunca aceptarían ser gravados por las verdaderas
razones por las que los gobiernos recaudan fondos. Los gobiernos lo saben, por eso nos dan razones falsas, razones con las que esperan que la mayoría de
la gente esté de acuerdo.
Nuestro mito económico, del mismo modo, se basa en secretos.
¿Pueden imaginar lo que sucedería si los propietarios los Consejos de Administración y los grandes ejecutivos de las empresas informaran cada mes a todos los empleados de sus sueldos? ¿Pueden
imaginar lo que sucedería con los precios a nivel mundial, si las empresas fueran
obligadas a colocar en las etiquetas el coste real, para ellos, de los bienes y servicios que proporcionan? ¿Creen que un sistema con este tipo de total visibilidad le permitiría sobrevivir a nuestro actual sistema económico? Por supuesto que no. Porque una vez que se dice la verdad, todo cambia.
Incluso nuestros sistemas teológicos entrarían en la misma
categoría. Se nos dice que no tenemos las respuestas, y que no podemos encontrar respuesta a las preguntas más difíciles de la vida por nosotros mismos.
Son “misterios”, que sólo la religión puede resolver. Y cada religión declara
que tiene las respuestas “correctas”, y todos los demás tienen las
“equivocadas”. Aun así, ni siquiera las religiones nos dicen todo lo que
“saben”. Mucho se mantiene oculto, lejos de la masa de gente que, se dice, no
puede y no podría posiblemente entender. Las ceremonias se ofrecen en lenguas antiguas que sólo los sumos sacerdotes entienden. Los rituales están
rodeados de secreto. La admisión a los templos en algunas religiones está
prohibida para el público en general, e incluso dentro de la familia religiosa,
está abierta sólo a unos pocos elegidos.
Pero los secretos no se limitan a las instituciones de
nuestra sociedad. Nuestra sociedad misma se basa en secretos. Las familias
mantienen sus secretos tenazmente, y entornos familiares completos, a menudo, se
construyen sobre secretos. El alcohólico de la familia, el padre que abusa de
su esposa e hijos, la tía que sufre de cleptomanía, el cuñado en la cárcel, todo se mantiene en secreto, no sólo para las personas fuera de la familia, sino
muy a menudo para otros miembros de la misma familia.
“Lo que no sabes no te lastimará” es un mito tan poderoso
que se ha vuelto más inaceptable socialmente decir la verdad que ocultarla.
Nada de esto realmente importaría mucho, se supone, si no
fuera por el hecho de que se han iniciado guerras a causa de secretos de
Estado. Niños han sufrido años de abusos a causa de secretos de familia. Los
ricos se han vuelto más ricos y los pobres se han vuelto más pobres a causa
de los secretos económicos. Y mucha gente ha muerto sobrecogida de temor a Dios,
por secretos religiosos y espirituales.
Muchas vidas han sido arruinadas a causa de los secretos y, sin
embargo, los seres humanos no dirán la verdad, porque la verdadera consigna es:
“Lo que tú no sabes, no me dolerá a mí.”
Mientras sigamos teniendo miedo de ser heridos por la
verdad, seguiremos mintiendo. Y, aunque no nos guste, seguiremos tolerando toda una
sociedad construida sobre la mentira.
Sin embargo, es la negativa de esta sociedad a ser sincera, lo que causa la mayoría del dolor que la sociedad se ve obligada a soportar, y
el círculo vicioso se cierra. Eludimos la verdad, toda la verdad, y nada
más que la verdad, en un esfuerzo por evitar el dolor, y causamos dolor en el
proceso.
Hay una manera de salir de este lío. Conversaciones con Dios, en su Libro 2 solicita una nueva norma social, resumida en una palabra:
Visibilidad.
He hablado de esto antes, en conferencias a lo largo de este
país, en artículos y entrevistas por todo el mundo. Voy a seguir predicando las virtudes de la visibilidad mientras viva, porque
ahora sé que es la única manera de vivir.
Conversaciones con Dios, Libro 2, dice que hay cinco niveles
en el decir la verdad.
- Primero, te dices a ti mismo la verdad sobre ti.
- Luego te dices a ti mismo la verdad acerca de otro.
- En el tercer nivel, dices la verdad sobre ti mismo a otro.
- Luego dices la verdad sobre otro a ese otro.
- Y por último, aprendes a decir la verdad a todos acerca de todo.
El primer nivel de decir la verdad fue el más difícil para
mí. Había una parte de mí que no quería escuchar la verdad acerca de mí mismo, y menos aún viniendo de mí mismo. Yo sabía que si me admitía a mí mismo lo que
muchos otros han estado diciéndome casi toda mi vida, ya no tendría hacia
dónde escapar.
Mientras pudiera evitar admitirme a mí mismo, que las
críticas y observaciones de los demás acerca de mí, sencillamente eran
verdad, yo podía seguir. Sin embargo, ¿cómo podía continuar una vez que
reconociera dentro de mi propio corazón y mente que me estaba comportando
exactamente como los demás decían que me comportaba, haciendo exactamente lo
que otros decían que estaba haciendo, y era básicamente la persona que los
demás me decían que era?
¿A quién le importaba si yo llevaba el Traje Nuevo del
Emperador? Yo prefería desfilar con mis ilusiones, era la forma de mostrarme al mundo, antes que reconocer interiormente de que las
observaciones a menudo cariñosas y bien intencionadas de los demás podían haber
dado en el blanco.
Así que sí, el nivel uno fue el más difícil para mí. Sin
embargo, una vez que lo dominé toda mi vida cambió. Descubrí que la mayoría del dolor de mi vida había sido causado por aferrarme a mis ilusiones, por
no dejarlas ir. Cuando la imagen falsa que tenía de mí mismo empezó a caer,
pude empezar a dirigir toda la gran cantidad de energía que había estado utilizando para
sostenerla hacia otros fines, mucho más útiles.
El nivel cuatro fue el siguiente gran desafío. El
verdadero trabajo no está en encontrar el valor de decir mi verdad sobre otros
a esos otros, sino en crear una forma de hacerlo con delicadeza, con amor y
comprensión, gentileza y compasión. Tuve que aprender a decir mi verdad, sí,
pero a decirlo suavemente.
Este sigue siendo un reto para mí, sobre todo cuando estoy
siendo crítico con la sociedad en general, o “esos otros” como grupo. Con
demasiada frecuencia, mis palabras surjen duras y frías, justificadas y
“correctas”. Oh, y de que forma puedo ser un peligro si creo que tengo la “verdad” de
mi lado, no importa lo que sea. Pero estoy trabajando en esto. Estoy buscando
desarrollar la habilidad de decir mi verdad sin apedrear a mis oyentes. Quiero
que ellos puedan oírme.
Entonces, ¿Qué pasa con ustedes? ¿Quieren ayudar a cambiar el
mundo? Pueden empezar por decidir decir siempre la verdad, a todo el mundo, en
cada momento y sobre cualquier asunto.
Si tienen una empresa, digan a sus empleados exactamente lo
que ganan todos los demás. Digan a sus clientes exactamente lo que les cuesta
producir los productos o servicios que ustedes proporcionan. Si están en una
relación, díganle a su pareja todo lo crean que necesita saber para jugar limpio. Si están en el gobierno, digan a
sus electores las verdaderas razones que hay detrás de todas las decisiones de su
partido. Si están en la educación, enseñen a sus estudiantes todo lo que hay
que saber, de la manera apropiada a su edad, sobre los temas que están
estudiando. Si son un rabino o un ministro, sacerdote o monje, digan toda la
verdad acerca de Dios, abran sus rituales, abran de par en par las puertas de
sus templos. Dejen que entre la luz del sol.
Los desafío, los desafío, los desafío doblemente…
Neale Donald Walsch es el autor de los 3 famosos
libros “Conversaciones con Dios”.
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