22/5/10

Viajes por el alma.

   Siempre me gustó viajar. Ese abrirme a lo desconocido, ese dejarme sorprender con nuevos paisajes, con formas nuevas, con gentes que imagino diferentes, con estilos de vida que desearía desentrañar para comprender un poco más, los muchos mundos que hay en nuestro mundo.
Qué fascinante me resulta, descubrir la belleza y la armonía en lo cotidiano, en lo pequeñito y supuestamente vulgar, y también, qué decepcionante descubrir la vulgaridad en la pretenciosidad y grandilocuencia de alguna de las supuestas maravillas para viajeros incautos.
   Pero a veces viajar me cansa, me desconecta de mí misma con su movimiento incesante, con su avaricia de verlo todo, con la frustración de no poder llegar al corazón de esa ciudad, o ese lugar maravilloso que me atravesó en un instante y que quizás no vuelva a ver nunca, y siempre, siempre, me siento que vivo otra vida, que la mía de todos los días, se diluye, se desvanece, y por un tiempo me siento además de extranjera, aventurera en un comienzo incierto y ávido de posibilidades.
   Un día, de eso ya hace tiempo, comencé a hacer viajes por el alma.
Yo creo que todos hacemos viajes por nuestra alma, pero a veces no nos damos ni cuenta. Mis primeros viajes fueron de ésos, de los de no darme ni cuenta, y fueron duros, muy duros, porque por necesidad, viajé a lugares en guerra, desolados, oscuros y sobrecogedores, llenos de muerte; en ellos aprendí cosas que ignoraba y también comencé a vibrar con un dolor sordo y con el descubrimiento de una ternura que desconocía.
Los recuerdos que me traje de aquellos lugares, me hicieron sentir más humana y más viva, como si hasta entonces mi vida hubiese sido irreal, con un guión aprendido, representando sentimientos y emociones que realmente no eran míos.
   Años después, comenzaron los otros, los viajes por el alma que me gusta recordar, los hermosos, emocionantes y sorprendentes.
Empezaron con visualizaciones dirigidas en trabajos grupales, y me resultaba tan sorprendente sentir cómo aparecían dentro de mí imágenes más allá de mi control, con una espontaneidad que escapaba a mi posible manipulación, y lo que se me ofrecía era tan generoso, fértil e imaginativo, que desbordaba cualquier intento creativo por mi parte.
Es así como comencé a creer en la existencia dentro de mí, de un mundo inexplorado, un mundo que no podía ni suponer, y cada nueva posibilidad de aventurarme en él me atraía y fascinaba.
   Pero fue con una experiencia a través del yoga del sueño, cuando me sentí realmente traspasada por algo totalmente desconocido para mí hasta ese momento por la profundidad de la conciencia emocional a la que pude llegar; el sentimiento de amor y plenitud que experimenté, me dejó boquiabierta.
Y a este sorprendente viaje, siguieron otros igualmente sorprendentes.
Con ellos, confirmé mi idea sobre la existencia de ese mundo interior absolutamente prodigioso, un mundo en el que mis vivencias, podían superar con creces cualquier experiencia vivida en el plano físico.
   Después, durante años, volvió a atraparme lo cotidiano con su mirada de todos los días, y solo viajaba con el cuerpo; los viajes por el alma pasaron a ser hermosas experiencias que recordar, y también algo que por alguna razón no me permitía.
Ahora, otra vez, mi corazón aventurero y curioso quiere volar alto y me ha traido de nuevo esos viajes por el alma que tanta felicidad, armonía y paz me regalaban.
Y en ello estoy, explorando mi alma, recogiendo emoción y plenitud; descubriendo una inmensidad de mí misma asombrosa y extraña, y coleccionando recuerdos de los lugares que visito que llenan mi vida de sentido, de coherencia, de alegría.
   Los viajes por el alma, como los del cuerpo, no me dejan indiferente; aparte de los recuerdos, lo más importante es que ahora sé que esos lugares físicos o psíquicos que visito, existen, son reales cada uno a su manera, y lo sé porque puedo fundirme con ellos con todos mis sentidos, con los del cuerpo, y con los otros, con los del alma.

5/5/10

¿Y la felicidad?

 La vida es un paseo permanente hacia la búsqueda de la plenitud total. (Ana Daza)
Si algo he aprendido, es que nadie nos garantiza la felicidad al nacer, mas bien, y según parece, llegamos para sufrir, para deshacernos en lágrimas ¿o acaso no nos dijeron que este mundo nuestro era un valle de lágrimas?
Este tipo de comentarios, escuchado continuamente, nos horada la moral... como una maliciosa e inofensiva gotita de agua puede horadar la piedra mas dura... y el resultado es que vivir la vida con alegría es casi una provocación, y nos cerramos a la oportunidad que los dioses nos regalan de experimentar, evolucionar y engrandecernos... pero yo lo comprendo ¿a quien le apetece sufrir?, ¿quien no se arruga en un mundo tan turbulento y con tantos pedazos grandes y pequeñitos de dolor e impotencia?
Pero llegado el momento de la verdad... y aceptado el hecho de que nadie nos asegura la felicidad al nacer, lo que también he comprendido es que la vida lo que si nos da, es la oportunidad de aprender a ser felices...  uufff  esto me ha hecho respirar tranquila... y para mí, es un hecho incuestionable que ha sido mi propio devenir y mi experiencia, los que me han llevado a esta liberadora conclusión.
Con este punto de partida, ya sí me siento dueña y señora de mi vida... y la felicidad sí se transforma en una meta al alcance de mi mano... porque la hago depender de mí, de la forma en que yo soy capaz de interpretar los acontecimientos, de la forma en que mis recursos y mi capacidad de integrar, comprender y evolucionar, va filtrando el día a día de mi vivir.
Durante años confié en que las personas, o los acontecimientos o las cosas, me dieran la felicidad que necesitaba, y una y otra vez sentí que nunca colmaban mis expectativas... y  mi vacío parecía insaciable.
Así fue hasta que poquito a poco, se fueron haciendo mas importantes los detalles, el instante presente, los matices del sentimiento que antes se me escapaban, que otro tipo de estímulos que había valorado como desencadenantes de mi bienestar. En mi paisaje interior, mis picos se han suavizado... pero los valles se han hecho mucho más fértiles y llenos de colorido.
Hay muchas cosas que ya no me ilusionan como antes... pero a cambio han aparecido otras que me fascinan, que me abren a expectativas vitales profundamente conmovedoras, y que me dan paso a una plenitud que desconocía. Mis estímulos son ahora más intangibles, tienen que ver con la forma en que me relaciono conmigo misma, con los demás y con el mundo... y son una fuente de objetivos, retos y satisfacciones.
Todavía muchas veces, me enredo conmigo misma, me desconecto de mi autoestima, de mi poder, y me siento perdida en la niebla espesa y más bien oscura de mis miedos.
Se que eso se produce porque me he desconectado de mi esencia real y no me he dado espacio para el silencio, para la soledad, para el darme cuenta... y entonces, la luz que guia mi caminar se nubla.
En esos periodos que a veces son largos, no se mirar, y lo que veo me trastorna y me duele... y no me doy cuenta, y me creo una realidad que no es, y pienso que luchando, que esforzándome, que peleando, voy a conseguir cambiar las cosas...¡me río!... sí, me río porque una y otra vez la vida me va demostrando que no es así, que los cambios que pretendo aparecen mas facilmente desde la aceptación de mis límites, desde el amor a mi misma y a los demás... y desde luego no lo consigo cuando me lanzo a luchar conmigo... o con las circunstancias... o con mis supuestos "enemigos".
¿Pero que hay de la felicidad?
Todo esto me ha llevado a descubrir que existe un estado de plenitud interior, de gozo, que no tiene que ver con las circunstancias externas, ni con los estímulos que recibo; este estado se produce a partir de mí, desde mi interior, y es una mezcla de confianza y aceptación de la realidad... (porque sé que tiene sentido mas allá de mis deseos)... y del sentimiento de que soy algo más, algo mucho más grande que mi cuerpo... y mis miedos... y mis logros y circunstancias, y ese "darme cuenta" con todo mi ser, me llena de plenitud y me ayuda en los momentos en que me aprieta el zapato.
Porque no me olvido, de que para avanzar por este "valle de lágrimas", necesito zapatos, y a veces, si no he sabido elegirlos, los condenados me aprietan.

19/4/10

La alegría.

 "Irrupción súbita de una dimensión atemporal entre las horas conocidas, es vida creativa ilimitada. Y vivir así es una inspiración incesante." (Consuelo Martín) 
El otro día volví a conectarme con la Alegría.
Mi inmersión en el mundo suele ser apasionada, y por mi naturaleza mas bien luchadora, puedo acabar peleando con molinos de viento, o lo que es mas tonto, conmigo misma.
Sé, hace tiempo, que la realidad que vivimos, se relaciona muy estrechamente con nuestro "yo actuante" y nuestro "yo pensante" y nuestro "yo sintiente"...resumiendo, con nuestra mirada al mundo, y por eso mismo, he aprendido que ampliar mis puntos de vista y cambiar de gafas con frecuencia, suprime mucho dolor y frustración en mi día a día.

Yo ya me había conectado con la Alegría hace tiempo, pero por lo que se ve, últimamente los molinos de viento y las gafas no me dejaban ver el bosque.
¿Y a que le llamo yo una experiencia con la Alegría?
Cuando leo sobre la "experiencia interior" (hay muchas formas de llamarla), por un lado me siento identificada con lo que expresan personas que la han vivido, pero por otro, siento que es algo demasiado personal, y que las comparaciones no caben por su propia naturaleza unitaria.
A mí me gusta hablar de ella cuando ya no está, de lo que me hace sentir, y poderlo expresar desde la sencillez o el poder de mis palabras, utilizando mi vocabulario, saboreando su recuerdo, sintiéndola cercana en su lejanía, y en mi "mundo pequeñito" sentir la sombra de su grandeza, porque eso hace que la sienta al alcance de mi mano, cariñosa, compartible, comprensible...y así su calor, su compañía, su poder... su todo, me llenan el alma, aunque no este conmigo.
Yo la llamo la Gran Mirada, porque su mirada es grande frente a la pequeña y cotidiana mirada de todos los días, la que tengo la mayoría del tiempo y que me atrapa en las anécdotas de la vida, y que me lleva al sufrimiento, a los miedos, a la lucha, y también al placer, y a la risa, y a compartir, a necesitar y a evolucionar y crecer, queriéndolo o sin quererlo.
¿Que me pasa cuando experimento la Gran Mirada, esa forma distinta de contemplar el mundo y a mi misma?
En esos momentos sin tiempo, me fluye la creatividad y la plenitud es lo natural, en esa forma de mirar no me cabe el juicio ni la exigencia, ni la critica, pero no porque crea que no es lo adecuado, no, simplemente, allí eso no está, no existe, solo existe ligereza, autoestima, humildad,
Después, cuando vuelvo a la mirada pequeña, y me siento otra vez en ese día a día que me hace su prisionera, a la rutina que me roba la frescura del instante pero que también me da una seguridad que necesito, me digo, otra vez aquí, pero la Gran Mirada ha iluminado mi camino regalandome un pedacito de su alegría, y mi percepción de la realidad se ha hecho más clara, más blanda, más dulce y amorosa, y ya no me lo creo tanto, y puedo dejar pasar los molinos de viento, y me quiero más y más bonito...y sigo creciendo y aprendiendo...
Ella es esquiva y no permanece mucho tiempo conmigo, yo quiero que ella con su mirada, sea para mí una amiga, una compañera que dé sosiego a mi corazón atrapado en la mirada pequeñita, y porque lo quiero, pienso en ella, y la llamo, y sé que tengo que buscar tiempo, y espacio, y silencio y recogimiento para ella, porque sé que eso le gusta, y la espero impaciente paladeando su recuerdo, su alegría, su cercanía, su amor.
Y también porque la quiero, su recuerdo me impulsa a luchar menos, a ser mas consciente, mas dulce, mas amorosa...y si me separo distanciandome de ella, su ausencia me duele, y poquito a poco, sin querer, me siento abandonada y triste.
¡
Ay!, yo que solo conocía los amantes del cuerpo, y ahora descubro que tengo una amante del alma... y sus efectos perduran en mí porque es luz que ilumina y guía, y también es cálido abrazo que alimenta y conforta, y es inspiración... y apoyo cuando elijo el camino de mi realización, dando poder y sentido a lo que hago, y cuando me ha visitado, ¡parece tan natural su visita!...
La Gran mirada es cálido amor, es "ser" sin tiempo ni espacio... percibir el sentido del todo que es la vida, así, sin pensar, sabiendo sin necesidad de saber, solo siendo...¡y la Alegría!, la Alegría es la compañera inseparable de la Gran Mirada, y es como un torrente que arrastra todo lo que no es de allí, y me penetra y me desborda y me llena de gozo y bienestar.

8/4/10

Hubo un tiempo...


Hubo un tiempo en que mi cabeza estaba llena de remolinos, y aunque les ponía gomina, saltaban como afiladas agujas...
Ahora siento mis remolinos como un yo que da forma a mi cabeza, y suspiran, y se despeinan...
Hubo un tiempo en que en mis muñecas llevaba finas correas de cuero, y mis pendientes eran grandes y hermosos como la luna, y con las correas y los pendientes fabricaba látigos para defenderme...
Ahora hay broches de brillantes colores adornando las solapas de mi corazón, y la plata de la luna forma anillos en mis dedos, que tocan, que sienten...
Hubo un tiempo en que lucía como una modelo neoyorquina, y pesaba 45 kilos, y las agujas de mis remolinos se me clavaban en el corazón, y gritaba por dentro, y sonreía por fuera...
Ahora mis curvas son más dulces y suaves, y mi corazón huele a azahar, y a pastel de manzana y canela...
Hubo un tiempo en que compraba revistas italianas, y me inventaba blusas de lencería, y me ponía chaquetas de hombre, y preciosas faldas, y todos los días me miraba al espejo para verme, y no me veía...
Ahora me invento sonrisas cálidas, y jardines en mi terraza, y tengo la casa llena de espejos, y me miro, y me veo, y me contoneo, y me gusto...  
Hubo un tiempo en que me buscaba en los ojos de mis hombres, y en los de mis amigos, y en mis dibujos, y en mis casas, y me ahogaba, y coleccionaba lagrimas...
Ahora me busco cerrando los ojos, y abriendo el corazón, y sintiendo las casas, y construyendo sueños... 

Hubo un tiempo en que hablar era un placer que me dolía, escuchar era un dolor que necesitaba y compartir era una necesidad que no me permitía...
Ahora hablar es un permiso que me da poder, escuchar es un poder que despliego, y compartir es desplegar mi alegría...


5/4/10

La caja negra.

Esto se lo dedico a los valientes que saben que más vale una roja que ciento amarillo, y a buen entendedor...

  Desde que somos conscientes de nuestro cuerpo, los humanos perseguimos nuestro bienestar, primero físico, luego emocional, y más adelante, si no carecemos de lo más elemental para nuestra supervivencia, lo que pretendemos es "ser felices".

  A partir de cierto momento en mi vida, tendría unos 14 o 15 años, aunque era consciente de que había circunstancias externas que condicionaban indudablemente mi estado de ánimo y que me desencadenaban ansiedad, o inseguridad y temor, o infelicidad al fin, como consecuencia de tempranas lecturas de Freud, Erich Fromm, Victor Franckl y otros maestros, comencé a pensar en la existencia en nosotros, de una misteriosa, intangible y sugerente "cajita negra" similar a la de los aviones, que me podría dar la clave del porqué de mis pequeñas catástrofes cotidianas.
Ese fue sin duda, el instante en que vió la luz la voluntad de tomar las riendas de mi vida.
   Esto no me vino a resolver la incertidumbre, ni los miedos, ni la infelicidad e incapacidades, pero lo que sí consiguió, fue proporcionarme una puerta y un camino.
Durante bastante tiempo continué considerándome una víctima de las circunstancias, pero paralelamente, se fue gestando en mí la liberadora idea de transformar mi vida desde la cajita negra, aunque también es cierto que eso alimentaba un deseo de omnipotencia y la fantasía de poder alcanzar un control absoluto sobre mi destino.
   Fueron pasando los años, inmisericordes, uno tras otro, y lo que fui descubriendo, es que lo que yo imaginaba como una caja negra más o menos controlable, más o menos manipulable, era en realidad algo inmenso e inconmensurable, y que a semejanza de un gigantesco iceberg, se sumergía en las oscuras aguas de mi conciencia y emociones, permitiendo que sólo un pedacito pequeñísimo de lo que soy, se asome en la superficie de un caldo emocional inabarcable, que a semejanza de gran madre océano, nos acoge a todos.
   Las respuestas a mis preguntas, dudas y miedos, siempre las acabo encontrando en esa inmensidad sumergida, no visible y prácticamente inexplorada, porque sé que es ahí donde están las claves de esa porción frágil y vulnerable que va por el mundo sintiendo, relacionándose e interactuando con la vida.
Es justamente el feedback entre lo sumergido y lo exterior lo que ha ido definiendo y transformando mi vida, lo que ha ido dando forma al pedacito que muestro al mundo, al pedacito que me empeño en definir como "yo".
   Siempre que he ansiado algo: alegría, prosperidad, amor, autoestima, triunfo, serenidad...ya sabéis, esas pequeñeces que nos empeñamos en exigirle a la vida, me he acabado tropezando con el agua, con esa superficie húmeda, fría, oscura, temible y aparentemente insondable....
   Para poder bucear y explorar ese mundo oculto y misterioso, he tenido que desarrollar una parte aventurera, pero la de estarse quieta, sentir y aguantar, que es una forma de aventurarse difícil e inquietante. Afortunadamente, he podido contar con valiosos compañeros de viaje, muchas veces fortuitos, que me han apoyado y sostenido en los momentos más oscuros.
Tengo que decir además, que una vez traspasado el miedo y el sentimiento de horror que me producía descubrir lo despreciable, indigna de ser amada, miserable y malvada que podía llegar a ser o era, lo que realmente descubría era un sorprendente, luminoso, emocionante y fructífero tesoro que las profundas aguas me regalaban.
Y así, poquito a poco, he ido sumando tesoros y luz a mi vida.

Yo me sigo percibiendo imperfecta, inadecuada y supuestamente mejorable, pero aparte de perderle el miedo a lo de bucear en mis aguas profundas, también me he dado cuenta y he aceptado que soy buena, amada, valiente, hermosa, generosa, honesta....y una aventurera de tomo y lomo.

14/3/10

El fin del Mundo.

Esta dedicado a todos los que han vivido experiencias tan profundamente traumáticas como la del 11M. 
  En una de sus mágicas novelas, Murakami nos habla de la misteriosa ciudad amurallada del Fin del Mundo, allí, sus habitantes viven sin sombra, y su corazón ha desaparecido.
Pero no son personas crueles, ni despiadadas, no, son educadas, corteses, amables, responsables, solidarias....solo que han sacrificado su corazón.
  El protagonista, recién llegado a esta sorprendente ciudad, y cuya sombra todavía no ha muerto, se da cuenta :"Yo aún tengo corazón y, sin embargo, a veces lo pierdo de vista. No, mejor dicho, posiblemente esté siempre perdido y solo en ocasiones lo recobro. A pesar de eso, tengo la certeza de que volverá, en un momento u otro, y esa certeza es la que, en definitiva, vertebra y sostiene mi existencia." 
  Somos muchas y muchos los que vivimos o hemos vivido así, "descorazonados" temporalmente, o con pedacitos de corazón mordidos, escamoteados, hurtados a nuestra conciencia durante un tiempo para no tener que enfrentarnos al sufrimiento.
  Pero los habitantes del Fin del Mundo son otros, y ellos ademas de dolerme profundamente, me inspiran respeto.
Allí se refugian personas como Sophie, la protagonista de la película La decisión de Sophie. Una madre judía a la que fuerzan a elegir, en un campo de concentración nazi, entre sus dos hijos pequeños, sabiendo que su decisión llevara a la muerte a uno de ellos....y ella elige.
   Después tiene que seguir respirando, comiendo, sobreviviendo, con una culpa que no podrá sostener, con una salida imposible; entonces sacrifica su corazón, porque solo dándole la espalda podrá continuar adelante, inventarse una nueva existencia, fingir que es como todos, aparentar que la vida tiene sentido para ella, aunque al final no lo consiga.
  ¿Cuantos entre nosotros pueden sentirse como Sophie? Quizás su experiencia nos parezca menos desoladora que la de ella, pero ¿quienes somos nosotros para decidirlo? Las heridas del alma son complejas, intrincadas, están enmarañadas con nuestras creencias y valores, y lo que para algunos es superable, a otros puede generarles una culpa o un dolor insostenibles.
   Me siento contenta de ser una mujer creciente, de estar en contacto con mis sentimientos, con mi corazón, de poder amar, pero sobre todo me siento muy afortunada por no haber tenido que vivir una experiencia limite como la de Sophie, o como la de alguno de los habitantes de la ciudad del Fin del Mundo, ¿como habría podido seguir viviendo?
Es una pregunta que hoy por hoy no puedo responder, y que confío que la vida no me ponga nunca en la posición de tener que llegar a responder alguna día.

7/3/10

Luciérnagas.

  La claridad es una cualidad del espacio, pero también lo es de la mente y del corazón.
Es reveladora, brillante, es luz que proporciona orientación, respuestas y también las preguntas adecuadas.
Es un antídoto contra la confusión, el caos y el temor.

   Yo adoro las luciérnagas. Su nombre, luciééérnaga ya es precioso.

Solo con pensar en ellas me siento transportada a mi infancia, a noches de verano en el campo, a lo sorprendentes y maravillosas que me parecieron la primera vez que las descubrí, y aun hoy, tras cada luciérnaga, creo adivinar un hada diminuta que busca orientarse en la noche.
   Son preciosas las luciérnagas, como diminutos leds; cada una por si sola no puede encender la oscuridad, pero si se juntasen muchas, muchísimas luciérnagas, sí iluminarian la noche con su luz y podríamos reconocer el camino.
Cada una, solo ilumina su espacio pequeñito, se siente ella y se muestra a otros....Pero claro, luego están los depredadores.
¿Puede doler la luz? Parece imposible que una luciérnaga haga daño a nadie, o moleste a alguien con su preciosa y mágica luz, pero sí, muchas veces las luciérnagas, por el simple hecho de existir, hacen que otros seres se sientan oscuros y feos, aunque no lo sean, y sientan celos y envidien su luz, y sientan rencor, y el rechazo de su propia oscuridad lo lancen sobre la inocente luciérnaga, rechazo, critica, incomprensión...desamor.
   Muchas veces ser luciérnaga no es fácil.
Puede que tenga un primo, o un vecino, escarabajo pelotero, y al pelotero no le gusta que la luz ilumine las bolas que tan cuidadosamente fabrica y transporta cada día, eso es cosa suya.
O puede que la luciérnaga tenga una hermana serpiente, ella se arrastra muy bien, y tiene una piel preciosa, y ademas es fuerte y poderosa.... pero no puede volar, ni tiene esa mágica luz.
¡Luciérnagas!, cuando se nace luciérnaga, no se puede ser otra cosa, hay que encender la lucecita ¿que seria del mundo sin vuestra luz?
Ademas, yo estoy segura de que cuando alguna tímida luciérnaga no enciende su preciosa y mágica luz, languidece de tristeza y poquito a poco muere.
Por favor luciérnagas, no apaguéis vuestra luz ¿como encontrarían las hadas pequeñitas su camino en la oscuridad de la noche sin vosotras?

28/2/10

El tapiz de la vida.

La vida entera de cada uno no es sino el proceso de darse luz a si mismo. 
(Erich From)
Incluso un ladrillo aspira a ser algo mejor. 
( Arquitecto Luis I. Kahn)


  Dentro de mi, unos junto a otros, en grupo o aislados, o amontonados, viven los recuerdos de todas las personas que, de una forma u otra, han contribuido a que yo sea la persona que he llegado a ser.
   Entre todos dibujan un enorme tapiz, un tapiz realizado con multitud de pedacitos de muchos colores, unos grandes, otros pequeñitos, unos de colores oscuros, otros brillantes y luminosos, algunos floridos, otros de cuadros o de lunares...están suavemente unidos los unos a los otros con el hilo del tiempo, a puntadas pequeñitas y regulares, como los segundos de la vida.
   Cada uno evoca una experiencia, una enseñanza, un dolor o una alegría, y un aprendizaje. En cada una de esas personas yo me mire un día, y en cada una de ellas descubrí un trocito de mi.
Muchas de esas partes me gustaron, me dieron alegría y gozo, otras me confundían y sobresaltaban, pero otras, las mas oscuras, no las quería, las rechazaba, no me gustaban para mi.
   Las puntadas del tiempo me hicieron ver que fueron precisamente las porciones oscuras, las que más daño me hacían, las que me permitieron acceder a mis rincones más ocultos, las que airearon y sacaron a la luz viejos fantasmas, temores, prejuicios, recuerdos y lastre que entorpecían mi vida, mis relaciones y mis ilusiones.
  Ahora sé que en este proceso de darme a luz a mi misma, me son imprescindibles todas las personas que me rodean día a día, porque todas las relaciones que fui y voy estableciendo, comenzando por las familiares, han ido permitiendo que me reconozca, que comprenda quien soy, que no me autoengañe.
Es el autoconocimiento y la aceptación de lo que soy, lo que ha alimentado mi voluntad de evolucionar y de ir transformando todas esas características, muy mías, que pavimentan ese largo camino a ser algo mayor y mejor que recorro cada día.

Porque yo soy,
que le voy a hacer, un ladrillo con pretensiones.

21/2/10

Imaginación.

  Todos, nos demos cuenta o no, vamos transformándonos en la vida a través de los modelos que elegimos, a través de nuestros cambiantes ideales y creencias, con nuestra imaginación y nuestros sueños.
   Somos tierra fértil para las semillas de la vida, pero no para cualquier semilla, no, en realidad estamos especializados, esta semilla sí, esta no, sólo germinan una selección de toda la multitud de semillas que los vientos de la vida dejan caer en nuestro regazo.
Nuestro vivir es este caer, germinar, crecer y dar fruto de nuestras semillas.
   Si hay una semilla especial, una que es capaz de dar los frutos más hermosos, esta es sin duda la semilla de la imaginación.

Los frutos de esta semilla, abren puertas en nuestra alma, nos permiten llegar a comprender lo incomprensible, a concebir lo que aún no existe, a amar lo diferente, a aceptar lo imposible.
   T.S.Eliot nos habla de las personas sin imaginación, a las que llama "hombres huecos".
Murakami dice de ellas, "suplen su falta de imaginación, esa parte vacía, con filfa insensible...sin percatarse de ello...intentan imponer a la fuerza a los demás esa insensibilidad soltando, una tras otra palabras huecas".Es la imaginación, la que nos permitirá ponernos en el lugar del otro, la que nos posibilitará, cambiando la perspectiva o el contexto de nuestras propias vivencias, comprender cosas que no hemos experimentado, y que quizás, o afortunadamente, no tendremos que experimentar nunca.
   Son los frutos de la imaginación los que nos posibilitan comprender, empatizar, ambicionar y crecer. Son billetes, billetes que nos transportan a la aventura y al riesgo de vivir.
Las personas con imaginación van por delante de la vida, sueñan, y sus sueños pueden cambiar su vida y la de otros.
   Si lo que queremos es amor, lo primero será imaginar nuestro amor; si es éxito, nos imaginaremos triunfando; si soñamos con una casa, la imaginamos y visualizamos antes ...
Imaginar y sentir nuestro deseo es el primer paso para lograr nuestros sueños, para que el motor se ponga en marcha, para comenzar a caminar hacia allí...y es mejor soñar con volar que con sufrir y arrastrarse.
   La imaginación también nos permite elegir otros modelos e ideales, otras creencias; nos concede la libertad de abandonar las cadenas de los estereotipos sociales, sexuales, emocionales, comerciales, estéticos...con ella tenemos la posibilidad de recoger frutos distintos a los paladeados hasta ahora.
Es impulso y energía de vida, es potencialidad, fertilidad, cambio y transformación.
  ¡Ojalá que las semillas de la imaginación crezcan en nuestro corazón!
¡Vivamos nuestros sueños aún cuando sepamos que a veces los dioses nos castigan concediéndonos nuestros mas anhelados deseos!

14/2/10

Enamorarse o no enamorarse, that is the question.

Yo he sido persona de enamoramientos arrebatados y podía pasar varias veces del cielo al infierno en un solo día.
Tendía a sufrir más que otra cosa, hacia dentro, conmigo misma, que es como se sufre. Pero también accedía a un yo que no era mi yo más cotidiano, y ese yo era maravillosamente creativo y fértil. Y no solo me enamoraba de personas, también me enamoraba de ideas, de filosofías, de creencias, de proyectos, de ilusiones, de fantasías...
Al enamorarme ponía en cuestión todo mi mundo, me tropezaba dolorosamente con mis límites, con mis miedos, con mis valores y creencias, con mi nivel de autoestima...
Pronto llegué a la conclusión, muy mía, a mi manera, de que el enamoramiento, era una especie de pegamento emocional que me obligaba a permanecer en una situación "especial", "límite", en la que nunca habría entrado voluntariamente, y esa situación me forzaba a crecer quisiera o no, a marchas forzadas, o no tan forzadas, pero crecía, ¡vaya si crecía!.
Precisé de algunos de esos amores arrebatados para estar donde estoy ahora, con mi feliz amor de ahora, con mi vivir pleno de ahora, con, no lo olvido, mi cambiante ahora.
También sé, que mi ahora no es "casualidad", ni "suerte", ni mis amantes anteriores fueron "mala suerte", en absoluto.
Lo que creo es, que a lo largo de mis sucesivas experiencias amorosas, viví una suerte de metamorfosis. Cambiaron mis creencias sobre el amor, también la prioridad de mis valores, creció mi autoestima y logré tomar las riendas de mi vida.
He comprendido que el amor no es una tabla de salvación para nadie, pero sí una luz que ilumina nuestro caminar, que nacemos y morimos solos, con nuestros conflictos más o menos resueltos a cuestas, y que compartir amando, es un reto de cada día, no un "arrebatamiento extasiante", aunque nuestro amor nos caliente el corazón más que nadie.
Cada enamoramiento tiene sus propias claves, a nosotros nos toca desentrañarlas.
La "alucinación" es necesaria porque sin ella no nos lanzaríamos a la piscina, porque la vida es muy sabia, y si sin el instinto sexual no tendríamos asegurada la continuidad de la especie, sin enamoramiento y amor, lo que no tendríamos asegurada es la continuidad de la especie como ser "creciente", en amor, en compasión, en tolerancia, en instinto de protección, en creatividad...en todo aquello que nos hace candidatos a ser la especie dominante del planeta, algo que la mayoría de las veces no merecemos.
¡¡Animo chic@s, si no estáis enamorad@s, a enamorarse tocan!!.
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