En nuestras latitudes, tristemente, no se tiene muy en cuenta en el día a día. Para nuestra cultura judeo-cristiana, la humildad es una virtud... ¡y el orgullo es un pecado!...mmmm, que duro.
Pienso que equivocamos el concepto profundamente... y lo hacemos casi sin darnos cuenta... ¡tenemos tan metidas en la sangre esas ideas desde la infancia!
Que los demás reconozcan nuestras cualidades hermosas y valiosas... que reconozcan aquello que nos permite relacionarnos y enfrentarnos a la vida positivamente, que es nuestra riqueza y forma parte de nuestra esencia... y que además nos conecta con el impulso de vivir y de dar lo mejor de nosotros... ¡¡ESO ES GASOLINA PARA VOLAR ALTO!!








